Museo Antropológico

Museo Antropológico
Investigación y trabajo de campo: Oscar Prieto – Gerardo Arbenoiz – Beatriz Bustamante – Ángel Vesidi
E-mail: casadelaculturaserafin@gmail.com
Inaugurado el 9 de noviembre de 2006
Intendente Municipal: Dr. Gerardo Amaral Olivera
Secretario General: Mtro. Washington Darío Collazo
Director Departamental de Cultura: Prof. Juan Luis Casalla Elizondo
Directora Deptal. de Urbanismo y Obras: Arq. Susana Martínez Benia
Coordinadora de Cultura de Vergara: Sra. María Angélica Silva Arismendi
Agradecemos el asesoramiento y apoyo técnicos de:
Sr. Bolívar Viana Pereira
Sra. Ana Claudia Fleitas (Casa de la Cultura de Treinta y Tres)
S. Barreto (Arquitectura y Urbanismo I. M. T. y T.)
Sr. Manuel Oribe Sosa Aquino
Arq. Héctor Saravia Lacurcia
Sra. Graciela Díaz Antúnez (Biblioteca “Serafín J. García)
Antecedentes
Oscar Prieto comenzó en 1960, en el departamento de Treinta y Tres, la recolección de restos culturales indígenas y la apropiación de conocimientos sobre su origen y características. Organiza expediciones de rescate junto a varios y entusiastas compañeros, entre quienes: Angel Vesidi. Los materiales colectados y las referencias a sus productores y usuarios se tornan de interés para instituciones de enseñanza locales, fundamentalmente la Inspección de Escuelas, que ven en ellos un importante valor didáctico llegado el momento de abordar el tema en las aulas.
La suma al grupo del maestro Alfredo Alvarez, en su condición de docente de escuelas rurales, abre perspectivas de acceso a sitios con restos en cuestión y al aporte de información por parte de vecinos acerca de posibles localizaciones cuando no, de los mismos materiales.
Incrementándose el acervo, crece el entusiasmo y la intención de formalizar las búsquedas en pro de mayor y mejor información con el fin de la construcción de una prehistoria local.
En 1965 se integra al grupo Gerardo Arbenoiz, quien al radicarse posteriormente en Montevideo, entra en relación directa y estrecha con Antonio Taddei, propulsor de una arqueología científica en nuestro país e ineludible referente para quien desease incursionar en tal terreno. En el marco de esa relación, con un grupo con intereses similares, resulta cofundador del Centro de Estudios Arqueológicos del Uruguay en 1968.
Participando en las actividades del referido Centro, que prontamente tejió relaciones internacionales y organizó congresos regionales, se pusieron los resultados de los trabajos en Treinta y Tres en conocimiento de investigadores de talla como el Dr. Antonio Austral y P. I. Schmitz, Director del Instituto Anchietano de Pesquisas y colaboradores.
Despertado el interés y reconocido el valor de estos citados trabajos, ya que abordaban un campo, continuación en el territorio uruguayo, de primordial interés en Río Grande del Sur, Schmitz propone una visita a Treinta y Tres para una observación de yacimientos y materiales y la posibilidad de publicar el resultado de las investigaciones iniciadas por Prieto a cargo de la Universidad del Valle del Rio dos Sinos, visita que se concreta en Enero de 1970.
Meses después, con gran satisfacción; Oscar Prieto, Alfredo Alvarez, Gerardo Arbenoiz, Angel Vesidi y Juan A. Pena De los Santos (sumado tiempo antes al grupo investigador) aparecen como coautores de el “Informe preliminar sobre investigaciones arqueológicas en el departamento de Treinta y Tres, R. O. del Uruguay” editado por el citado Instituto Anchietano, reconocido a la sazón como pionero y puntal de las investigaciones arqueológicas en Brasil. El citado informe, adaptado, se publica luego en la serie “Nuestra Tierra – Los Departamentos”, en Montevideo, en el número correspondiente a Treinta y Tres.
En su libro “Los cerritos de los indios” del Este uruguayo” editado en Montevideo en l996, Daniel Vidart, llegado al tema asevera que “el informe de los arqueólogos de Treinta y Tres, muy poco conocido en estos orgullosos y académicos lares […] Se trata de una contribución seria y exhaustiva, sobre la cual no existió la estruendosa propaganda desplegada en nuestros días alrededor de los montículos rochenses. (y) Como se trata de un trabajo decididamente importante y desconocido por la mayoría de los interesados en el asunto, voy a dedicar éste y el próximo capítulo a su transcripción y comentario.”. Lo que hace extensamente, reproduciendo también sus ilustraciones, al considerar que el informe “de los arqueólogos olimareños (está) a todas vistas, lleno de interés y docencia, en particular para quienes aventuran hipótesis temerarias, reñidas con la realidades ambientales.”
Producido el “Informe”, un eventual avance y continuación de las investigaciones requeriría la disposición de recursos que superó largamente las posibilidades del grupo; y, a falta de apoyos externos y otros forzados acontecimientos varios, mengua el ritmo de trabajos del grupo y se detienen, a excepción de un puntual informe sobre un sitio sobre el Yerbal Grande (paraje La Calera) presentado por Arbenoiz y Pena al IV Congreso Nacional de Arqueología y I Simposio de Arqueología de la Laguna Merin, en Melo en Diciembre de 1975.
En 1990 Prieto se radica en Puerto La Charqueada, acompañado de Beatriz Bustamante, junto a quien recomienza la búsqueda de conocimientos, obtenidos los cuales, fructifica en publicaciones a propósito de asuntos musicales, arqueológicos, paleontológicos y antropológico culturales, configurando un ampliado acervo de elementos incidentes en la definición una identidad cultural local.
Finalizando el Siglo XX, reunidos Prieto, Arbenoiz , Vesidi y Bustamante; ausentes por su prematuro fallecimiento Alfredo Álvarez y Juan A. Pena; reconociéndose como meros custodios de los materiales resultantes de sus investigaciones y entendiendo que su valor material y cultural no puede ser patrimonio de particulares, resuelven ponerlos a disposición de la sociedad, representada en la Administración Municipal, a condición de que mientras existieran integrantes del grupo y bajo la égida de ellos, se dispusiera un lugar acorde a sus valores reconocidos para su almacenamiento y exhibición.
Entre muchos avatares, como resultado del encuentro de Prieto y Bustamante con Gabriel Rodríguez y Gabriela de la Santa, entusiasmados éstos por el proyecto, prestan valiosa colaboración con sus ideas en aspectos relativos a la construcción del local para un futuro museo.
En ese estado de cosas, funcionarios a cargo y comisiones de apoyo de la Biblioteca “Serafín J. García” de Vergara atraídos por la importancia del proyecto, interesan al Intendente Municipal del momento Sr. Wilson Elso, quién asume el interés, disponiendo la construcción de el museo en terreno adjunto a la biblioteca.
Se comenzaron las obras, y llegada la nueva administración del Intendente Dr. Gerardo Amaral y de la Dirección Departamental de Cultura, se mantiene dicho interés, elevándolo en el orden de prioridades, concretándose en esta obra mediante la cual se abre a la comunidad un panorama a propósito del reconocimiento de un pasado, fundamento del que emerge nuestro presente.
Planta del Museo - Distribución de Materiales

Primer mapa confeccionado para registrar la localización de los sitios de asentamientos indígenas en Treinta y Tres.
Fósiles de transgresiones del Holoceno y de ejemplares de la megafauna tocar.
Elementos pertenecientes a la cultura material de los constructores de montículos.
Materiales y elementos europeos asociados a restos indígenas.
Elementos pertenecientes a la cultura material de los pobladores de asentamientos superficiales.
Restos y elementos asociados a charqueadas y graserías del siglo XIX.
Publicaciones, documentos y registros gráficos del grupo y de los trabajos de investigación.
En el Museo
Los elementos expuestos son el resultado de las investigaciones realizadas sobre el territorio constituido por la mitad oriental del actual departamento de Treinta y Tres, definida a partir de un eje formado por la Cuchilla de Dionisio que lo atraviesa íntegramente en dirección NE – SW y que divide en partes casi iguales su superficie total de 9.500 Kms2. Ambas mitades ostentan, en líneas generales, una geomorfología notablemente diferente.
La demarcación es el resultado de que impulsados primero por el interés en los relictos indígenas, es en la citada mitad oriental donde hasta ahora se ha producido casi exclusivamente la localización de sitios de origen prehistórico.
Luego de haber publicado en 1970 el “Informe preliminar sobre investigaciones arqueológicas en el departamento de Treinta y Tres” se advierte que éste se constituye en el primer aporte documental para la ampliación de una historia específica de la comarca, la que, de los intentos conocidos y difundidos de registrarla, parecía nacida en lo inmediato previo a la promulgación, el 10 de marzo de l853, de la Ley que dispuso “la fundación del Pueblo de los Treinta y Tres” en la “confluencia del Yerbal grande en el Olimar.”
Así se gestó la intención de complementar el trabajo realizado en el orden de la prehistoria, respecto al ámbito geográfico definido, con la búsqueda del conocimiento de elementos y eventos a registrar en un lapso iniciado a partir de la fecha del arribo de los primeros humanos a territorio actualmente uruguayo de una antigüedad estimada entre los 14 a 12 mil años antes del presente (AP).
Se asumió que habían bases para determinar en el objeto de investigación, ahora más amplio, tres etapas delimitables: una, la del territorio previa a la presencia humana; otra, la evolución de su población aborigen, y finalmente, la de la ocupación por parte de europeos y sus descendientes y los avatares del consiguiente contacto multicultural.
La conformación del territorio
Las áreas de subsuelos granítico y basáltico con alturas oscilantes entre 20 y 350 mts. sobre el nivel del mar (SNM) en su límite occidental configurado por la Cuchilla Grande, son soporte de suelos que resultan de la meteorización de la roca madre y que tras un proceso de formación gradual se vuelven aptos para el desarrollo de la vegetación, en una sucesión comenzada con el crecimiento de líquenes y musgos, pasando por hierbas y gramíneas, hasta admitir el arraigo de arbustos y árboles.
En el caso de esas áreas en el ámbito departamental, la antigüedad de la formación de los suelos hace concluir que estaban plenamente desarrollados en las fechas mencionadas de entre 14 y 12 mil años AP. Se puede deducir de ello que su morfología no diferiría mucho de la actual, sustentando un desarrollo vegetal nativo similar al apreciable actualmente, con las variaciones debidas a cambios climáticos, con alternancia de períodos cálidos o fríos y secos o húmedos, anotando que para el período en las fechas mencionadas, se registraron para estas latitudes unas características del clima mucho más seco y frío que el actual, generando condiciones de mayor aridez; a diferencia del actual más cálido y húmedo, con los correspondientes efectos sobre el desarrollo de flora y fauna.
Muy probablemente estos ámbitos fueron poblados por ejemplares de la fauna actual más los representantes de la megafauna extinguida hace unos 10 mil años, de la que se han encontrados restos fósiles. No se conoce aquí evidencia de la presencia de los primeros humanos pobladores del Uruguay, presuntamente arribados en tan tempranas épocas, ignorancia que no configura argumento válido para negar esa eventual presencia en estos territorios.
Una situación muy distinta es la que define las características generales de la gran planicie de subsuelo sedimentario mencionada, cuya formación se data como de origen pleistocénico (Cuaternario). Su configuración actual comenzó entre unos 4.500 a 4.000 años AP al inicio de la última regresión del océano, que en el período Holoceno -últimos 20 mil años- con alternancia de avances (transgresiones) y retrocesos sobre las superficies continentales debido a bajadas y subidas de su nivel a consecuencia del enfriamiento (glaciaciones) o calentamiento de la Tierra, dejó al descubierto la superficie sobre la que se formarían los suelos.
En este caso los suelos son de características aluviales, resultado del depósito sobre el subsuelo de elementos geológicos trasladados por el efecto de los vientos y arrastre por las aguas.
Algunas investigaciones identifican tres transgresiones y las correspondientes regresiones oceánicas en la zona en cuestión en un período iniciado hace 7.000 años. En dicho período el nivel del mar alcanzaría los 5 mts. de altura máxima sobre el actual, registrándose para la última transgresión–tras la cual el mar fue bajando a su nivel actual- ocurrida hace unos 4.500 años AP, una altura de 4 mts. sobre el actual nivel del mar (0 de la escala). En estas condiciones considerando la altitud del suelo donde se asienta la localidad Gral. Enrique Martínez, Puerto Charqueada, 3,7 Mts. SNM, se advierte que entre los 7 mil y 4 mil últimos años estuvo en ocasiones sumergido bajo las aguas oceánicas.
Como confirmación de los referidos movimientos marinos se ha detectado evidencias configuradas por los restos fósiles reunidos en un cordón formado por un conglomerado de huesos, valvas y caparazones de animales marinos a lo largo de un antiguo borde oceánico que se extiende por la actual tierra firme, en forma aproximadamente paralela al borde occidental actual de la Laguna Merín. Dicho antiguo borde oceánico aparece, con alturas variables, en un trayecto relevado que corre desde las proximidades de Punta Pelotas sobre la Merim en el departamento de Rocha, hasta Cañada Grande en Treinta y Tres, en proximidades de la desembocadura del Río Tacuarí.

El cordón mencionado se presenta con un ancho de hasta 200 mts. y una potencia con una profundidad de hasta 1,30. mts. en la que se identifican los siguientes estratos: arcillas del subsuelo sobre el que se asienta una capa de arena, encima de la cual se encuentran los restos fósiles cubiertos todos ellos por un delgado manto húmico sobre el que se desarrolla el actual tapiz vegetal.
Entre los fósiles marinos citados se registra la presencia de vertebrados, bivalvos representados por ejemplares de la familia Aloididae, género Erodona, especie Erodona Mactroides; y gasterópodos identificados como de la familia Hydrobidae, género Heleobia, especie Heleobia Australis.
En las playas de la Laguna Merín a consecuencia de procesos erosivos, afloran restos de megafauna reconociéndose placas de caparazón de la especie Gliptodonte (familia Gayptodontidae, género Glyptodon), marcando su presencia en terrenos habitables transitoriamente por fauna terrestre, entre las transgresiones y regresiones oceánicas, sumándose al hallazgo de restos de la misma clase en otros sitios del área estudiada.
La configuración actual del territorio estudiado se caracteriza como un suelo aluvional desarrollado sobre la planicie de subsuelo sedimentario que habría comenzado su formación tras la regresión oceánica que dejó al descubierto lo que fue el fondo de arena del mar. Esa superficie comenzó a recibir los aportes de materiales generadores de los suelos, los que tras un pasaje por varios estados alcanzan el de madurez apto para el desarrollo de un tapiz vegetal, evolución en la que se generan los ambientes aptos para la ocupación y desarrollo de la fauna. Se estima que en regiones de clima medio, si no se dan procesos erosivos fuertes, la formación de los estratos superiores de un suelo de 0,5 mts. de espesor requerirá cientos de años.

A la vegetación predominante de planicies irrigadas por abundantes cursos de aguas; gramíneas y arbustos y árboles de bosques ribereños, y en el ámbito analizado extensos palmares; se le suma en esta zona en particular, la propia de esteros, bañados y humedales, presentes a causa de las condiciones particulares de escasa permeabilidad de los suelos, como consecuencia de su desarrollo sobre un subsuelo de arcillas, que alcanzan una profundidad hasta de 90 mts.
Las mencionadas zonas de humedales representan el sostén de ecosistemas definidos como de una gran riqueza, basada en el desarrollo del altísimos grados de biodiversidad con el resultado de la presencia de una variadísima gama de especies vegetales terrestres y acuáticas que propician las población y supervivencia, en número muy abundante, de una muy variada fauna. En estas zonas propias de la Cuenca de la laguna Merín se han encontrado presentes el 47% de anfibios, 58% de reptiles, 47% de aves y 51% de mamíferos del país. Aún en el presente, constatadas una gran depredación y agresión ambientales de orígenes varios, y a pesar de ello se reconocen internacionalmente como Reservas de Biósfera.
En la formación de esta geografía y ambiente identificamos las condiciones propicias que obraron como atractivo para el asentamiento allí de los pobladores indígenas prehistóricos, quienes en su constante búsqueda de recursos para la supervivencia, encontraron en este nuevo ámbito el lugar para una intensiva y prolongada ocupación de la cual son evidencia los sitios y materiales relevados.
El poblamiento indígena
Mediante estas investigaciones se trata de saber acerca de una identidad definida por la cultura, es decir, el modo peculiar por el cual los grupos humanos intentan y logran adaptarse a un ambiente; modo que incluye la producción y el uso de elementos materiales y que genera formas espirituales y sus manifestaciones en el orden simbólico; modo dinámico, que sujeto a cambios, se desarrolla en unos espacios y tiempos determinados.
Los espacios, son los ya definidos; la cronología, una interrogante aún sin respuesta en cuanto se han formulado algunas pero a modo de tentativas, y, salvo la información en cuanto al aspecto material de la cultura de nuestros habitantes primitivos inferida del estudio de las piezas arqueológicos como las exhibidas, el resto de los elementos propios que permitirían la deseada reconstrucción cultural, son piezas que faltan, por lo que toda atribución de rasgos culturales no materiales es de carácter hipotético, basado en analogías de alcance relativo.

Integrar a los pobladores prehistóricos de nuestro departamento en contextos culturales regionales y continentales, significa entonces, intentarlo desde marcos teóricos que proveen, más o menos fundadamente, visiones diversas al respecto.-
Persisten entonces grandes interrogantes cuyas respuestas habilitarían identificaciones de etnias, secuencias y relaciones culturales y periodizaciones ocupacionales, para la mejor construcción de una prehistoria local, sin incurrir en subjetividades tentadoras en ese empeño.
No obstante ello, al decir del connotado propulsor de la arqueología científica en nuestro país Antonio Taddei: “en el estado actual de nuestros conocimientos” proponemos nuestra interpretación del devenir de las población prehistórica de nuestro departamento.
Con limitaciones reconocidas, y para una mejor comprensión por un público no especialista, optamos por identificar a los productores de los artefactos de la muestra en el amplio marco de los “Tipos culturales básicos” propuestos por Juan Schobinger en su “Prehistoria de Sudamérica”, sin que ello implique la aceptación sin más de tal propuesta de interpretación.
“Los grandes tipos culturales –que son a la vez formas de adaptación al ambiente” y que “a pesar de muchas mezclas y formas intermedias, para América” según Schobinger “ pueden ser reducidos a cinco”,1) Cazadores inferiores (o cazadores recolectores), 2) Cazadores superiores o de las estepas, 3) Cazadores-plantadores (o cazadores-horticultores), 4) Plantadores recientes (agricultores tropicales y subtropicales) y, 5) Altas culturas.
Los materiales rescatados conducen a reconocer la presencia en nuestra área investigada de representantes de los niveles: Cazadores Superiores o de Las Estepas “especializados en caza mayor y dotados de medios técnicos más avanzados (jabalina, arco y flechas, bolas, etc.); […] su área principal la constituyeron las planicies del Chaco, la Pampa y la Patagonia” y Plantadores Recientes de los que “su agricultura es de tipo hortícola, practicándose la roza, uso intensivo del arco y la flecha, cerbatana, mazas hachas de piedra pulimentada; cerámica y arte textil, adornos corporales como el tembetá o botón labial, práctica de fumar e ingerir narcóticos, culto al cráneo y canibalismo, etc. Sus principales representantes son los pueblos amazónicos (Arauacos, Caribes y Tupíguaraníes)”.
Aquellos Cazadores Superiores, como consecuencia de sus migraciones, fueron ocupando las grandes planicies del territorio uruguayo, llegando a este rincón, hoy uruguayo-brasileño, definido como Cuenca de la Laguna Merín, ocupación (presuntamente de S a N y de W a E) de la cual quedaron su restos en dos clases de sitios hoy caracterizados como paraderos superficiales, y montículos (“terremotos”, “cerritos de indios”) por ellos construidos.

Habrían llegado, para quedarse, en épocas posteriores a la última regresión oceánica tras la cual se formaron los suelos que sustentan el ecosistema en que se ubicaron y los encontraron los invasores europeos.
En ese devenir adquirieron o incrementaron el uso de la cerámica, de tipo simple, ausente en el sitio relevado en Yerbal Grande en las afueras de la ciudad de Treinta y Tres y abundante en montículos y paraderos superficiales en costas de la Laguna Merín, por las razones que hacen al incremento o modificación de los recursos culturales en función de las demandas de la adaptación a un nuevo ambiente o el contacto con otras culturas.
Para el sitio de Yerbal Grande se presumió, mediante geocronología, una antigüedad relativa de unos 1.500 a 2.000 años AP, correspondiente al nivel (60 a 90 cms. de profundidad) en que se encontraron los restos. Para los montículos disponemos de la información de investigaciones en territorio brasileño de la Cuenca que remontan la antigüedad a unos 2.500 años AP. Hay información respecto a estos yacimientos en territorio uruguayo que aumentarían mucho dicha antigüedad, dentro de límites cronológicos amplios, acerca de los cuales se advierten discrepancias.
Parcialidades Tupiguaraníes, como representantes de los Plantadores Recientes, habrían llegado desde el Norte, desplazándose hacia el Sur y Este, a lo largo de orillas y aguas de lagunas ríos y sus extensos y abundantes bosques ribereños, afincándose en tal habitat, siendo indicadora de su presencia la cerámica corrugada, pintada y cepillada (escovada) de las que se han rescatado cascos y piezas y algunos instrumentos en hueso.
En base a los aportes de estudios de la Prehistoria Nacional, la llegada de estos grupos, correspondería a épocas más recientes.
La primera llegada y ocupación en cuestión, y de acuerdo a lo expresado, habrían ocurrido en tiempos posteriores al lapso transcurrido entre los alrededor de 4 mil años AP en que el océano bajó a su nivel actual y el tiempo, muy prolongado, necesario para la formación de los suelos, lo que permite inferir la validez de una antigüedad relativa máxima no muy superior a los 2.500 años AP.

Lo precedente no descarta de plano la posibilidad de poblamientos humanos anteriores, de antigüedad probada en territorio nacional; cuyas evidencias, por la mencionadas condiciones de la configuración de territorios se encontrarían en sitios enterrados por debajo de los niveles del suelo actual, cuyo hallazgo no se ha dado en el desarrollo de nuestras investigaciones.
La complejidad del devenir de estos grupo humanos indígenas, sus eventuales contactos y episodios de transculturación en su etapa prehistórica, abren interrogantes para las cuales faltan muchísimas respuestas y la eventual reformulación de algunas de la ya propuestas; así como someter a revisión algunas informaciones al respecto, en la etapa ya histórica, generadas en la observación preñada de subjetividad, cuando no en la imaginación, de conquistadores europeos con pretensiones etnográficas.
La llegada de los europeos
A esta definida mitad oriental del departamento de T. y Tres estudiada, le correspondió, según el criterio de sus primeros visitantes europeos, el calificativo de “tierras de poco o ningún provecho”, y estaba situada en una región que era el epicentro del conflicto por los límites de sus posesiones entre los reinos de Portugal y España, solucionado recién a fines del Siglo XVIII.
Ya era avanzada la conquista cuando emergieron factores que tornaron definitivamente deseables su posesión y poblamiento. De ellos el destacable resultó el de la expansión de vacunos y equinos introducidos por los conquistadores, especies que habrían llegado a la región a principios del siglo XVII, fenómeno de evidente significado económico; resultando de dicha expansión, el cambio de la apreciación acerca del “provecho” de estas tierras.
Consecuencia de lo referido, cuando la tierra se vuelve fuente de riquezas, se comienzan a apreciar las acciones de particulares o autoridades de gobierno tendientes a un relevamiento intensivo del territorio para su demarcación: expediciones exploratorias, ocupaciones legales o ilegales y sus avatares, conflictos con anteriores ocupantes; de lo cual sus actores comienzan a dejar testimonios que configurarán fuentes de valiosa información.
Esos testimonios hacen mención a hechos y nombres que aparte de ir haciendo historia de los territorios, nuevos para ellos, informan sobre la instauración de una toponimia.
Aurelio Porto en su “Historia das Missoes Orientais do Uruguay” recoge: “En 1680 cerca del Cebollatí, conocido por Zapata o Ayala, que queda a 36º6 37” de lat. S., encontraron establecido un paraguayo de origen español (sic) de ese nombre y apellido, D. Miguel Ayala o D. Miguel Caraí, último rey de los minuanos …”. Ayala y Zapata son nombres actuales de arroyos que desembocan en la Laguna Merín.
Pasa un siglo hasta el registro del Diario del Viaje de la expedición de Luis Prieto, integrante de la guarnición del Fuerte de Santa Teresa, encargada por su comandante Gabriel Figueroa, donde se relata el recorrido en embarcaciones por aguas de la Merín, entre el 1º y el 28 de Enero de 1780, que los llevó por sus costas, ahora uruguayas, desde el Arroyo San Miguel hasta el Río Yaguarón.
Relata Prieto que el Día 10 “habiendo tomado puerto (…) hallamos rastros de ganado, y sospechando si habría gente pues se veía a modo de rodeo, registramos los montes y no se encontró a alguien …” y el Día 11 “… encontramos tres ranchos quinchados de junco; se reconoció el monte y no se encontró novedad, bien que dichos manifestaban ser viejos por estar apolillados dos cueros de toro que tenían sobre la cumbrera, y parece haber sido de indios cimarrones por hallarse en ellos algunos granos de maíz, tiestos de olla de barro y pedazos de angaripola viejos …”.

Llegados a otro sitio, el Día 20: “… se divisaron tres jinetes con una tropilla de caballos (…) hice salir a Vallejo y Avinau para que los llamasen y ver si se podía entretener con que éramos trajinistas; se pararon y hablaron con ellos fuera del monte diciéndoles cómo va y dónde vienen; respondió Vallejo que del Río Grande y ellos dijeron que eran peones del Padre Laguna, de Montevideo, que andaba buscando la caballada que se les había ido …”.
Juan Miguel Laguna había nacido en Mayo de 1743, y según consignan Aníbal Barrios Pintos y Fernando Assunçao: “luego de una juventud agitada e impetuosa” fue designado -tras haberse mudado a Buenos Aires en 1773 y habiéndose ordenado recientemente allí a los 36 años, en junio de 1776- como “Cura, Vicario y Juez Eclesiástico de la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe” (Canelones, Uruguay); y aparece, por 1779 como titular de “licencia para faenar ganados alzados” hasta “mediados de l784, en que el nuevo Virrey del Río de la Plata, Nicolás del Campo, Marqués de Loreto, las prohibió [a las vaquerías] con carácter general”.
La “Isla del Padre” sobre el Cebollatí así se llamó, con el nominativo del rango eclesiástico de Laguna, patrón de aquellos peones faeneros que recorrían esos territorios como propios.
Luis Prieto asienta en su “Diario de Viaje” pero el “Día 22”, que tuvo un encuentro con un grupo de hombres en cercanías del “monte del Tacuary” y que “el que hacía de capataz de ellos, que me dice Vallejo que era el famoso Perdiz, estuvo echando muchas garabatas diciendo que si lo iban a prender allí estaba para defenderse …”. Conocido esto es apropiado inferir que el Puntal de Quiroga, lengua de tierra que separa las lagunas Merín y Guacha, conocido también con el nombre de “El Perdiz”; se lo debe a éste a tal personaje, quien utilizaría dicho Puntal como gran corral natural para reunión de los rodeos debido a su particular geografía que obraría, según su forma, como una especie de fondo de bolsa.
En 1798, José Ramírez Pérez, compró una extensión de campo de unas 200.000 hás. con unos 35 kms. de costa sobre la Merín en un espacio que comenzó a conocerse como Rincón de Ramírez, y quien asumiendo propiedad sobre tierras y haciendas comienza la etapa de reproducción y cría de ganados. Su hijo Juan Pedro Ramírez, en 1839, hace construir una vivienda en sus posesiones, conocida en adelante como “Azotea de Ramírez” consolidando un tipo de explotación ganadera que superando la mera cuereada de la hacienda cimarrona, convino a la provisión de materia prima para nuevas actividades vueltas características para estos parajes: las charqueadas y graserías.
Juan Pedro Ramírez tuvo su propia factoría, por cuyo sitio en 1871 pasó un viajero irlandés, Michael G. Mulhall, quien escribió “Aquí se encontraban las ruinas de una charqueada construida por Ramírez, donde aun viven uno o dos indios. Estos hombres son excelentes nadadores. El último europeo que vivió aquí fue un inglés llamado E. B. Goss, de Liverpool, que era tenedor de libros en 1862, cuando la charqueada aún funcionaba”.

En esos tiempos se consolidó la población de la región con la instalación de sociedades ganaderas que introducen ovinos y dan lugar a la expansión de la industria de la charqueada de las cuales se llega a ubicar la localización de 6 factorías a lo largo del Río Cebollatí y costas de la Laguna Merín. Tiempos en que comienza a crecer el Pueblo de los Treinta y Tres, una vez mensurado, en 1855, el terreno donde se asienta, destinado a ser capital del nuevo departamento de su nombre, donde se comenzó a imponer la ley y el orden, según historia conocida, revirtiendo el estado de estos territorios donde el citado Mulhall encontró “varios riachos y matorrales en el camino que eran otrora infestados de matreros” y posó en la Catumbera: “residencia de un brasilero gentil y hospitalario llamado Gumersindo Matos, [cuya] casa está construida en un terreno tenido como un terremoto o menterio indio (en el tiempo de los charrúas) y aquí fue encontrada una caja de huesos que, talvez, pueden haber sido los restos de algún soldado español, pues eran numerosos los resguardos contra los contrabandistas”.
Oscar PRIETO ROCHA.
Nacido en “Molles de Olimar Chico”, Depto. de Treinta y Tres, R.O. del Uruguay. Músico, guitarrista, intérprete y autor, se formó con los principales maestros uruguayos, con quienes compartió escenarios. Figura fundamental de la música y el canto treintaitresino como mentor y orientador de sus creadores e intérpretes. Sus investigaciones en estos temas, particularmente sobre la historia de la guitarrra y los ritmos de Milonga han sido expuestas en ámbitos universitarios y recogidas por musicólogos quienes las han difundido en América del Sur y Europa.
A principios de la década de 1960 comienza la colección de materiales arqueológicos indígenas, encabezando un grupo de interesados en la actividad que rápidamente, advirtiendo el carácter testimonial de esos materiales para la posible construcción de una prehistoria regional, se organizan y forman para hacer efectivo un tratamiento científico de los mismos, generando el “Informe preliminar sobre investigaciones arqueológicas en el departamento de Treinta y Tres” publicado por el Instituto Anchietano de Pesquisas.
A partir de su radicación en 1990 en la localidad Gral. Enrique Martínez, Puerto La Charqueada, en Treinta y Tres, continúa sus trabajos de investigación en las áreas mencionadas expandiéndolos a temas históricos y antropológicos que han sido difundidos en publicaciones y conferencias en ámbitos educativos y culturales locales y nacionales.
Gerardo ARBENOIZ HONTOU
Nacido en la ciudad de Treinta y Tres. Profesor de Filosofía y Director efectivo mediante concursos en Educación Secundaria. Docente en su especialidad y de Epistemología e Investigación Educativa en Formación Docente. Ha publicado artículos sobre temas educativos y la cultura y el “canto popular” olimareños en periódicos y semanarios y participado en la organización de encuentros y eventos culturales varios.
En 1965 se sumó al grupo encabezado por Oscar Prieto y, radicado temporalmente en Montevideo, se relaciona con Antonio Taddei junto a quien integra el núcleo fundador del Centro de Estudios Arqueológicos del Uruguay, impulsor de la arqueología científica en el país y la creación de la Cátedra de Antropología en la Facultad de Humanidades de la UDELAR. Es coautor y redactor del “Informe preliminar …” y ha participado en congresos y simposios nacionales y regionales de Arqueología donde ha presentado comunicaciones de investigaciones.
Beatriz BUSTAMANTE CLARA
Nacida en Montevideo. Profesora de Inglés. A partir de su radicación junto a Oscar Prieto en La Charqueada participa conjuntamente en sus investigaciones en los temas musicales, antropológicos, históricos y arqueológicos que son publicadas en colaboración, interviniendo también en conferencias y eventos culturales relacionados con ellas en el ámbito nacional.
Angel VESIDI FUSCO
Nacido en la ciudad de Treinta y Tres. Funcionario del M.S.P., actualmente jubilado. Integrante desde el nacimiento del grupo de investigaciones arqueológicas en Treinta y Tres, participa activamente en los trabajos de campo y es ejecutor de cartografía y elementos gráficos propios de los trabajos de investigación siendo coautor del “Informe Preliminar …”. Ha incursionado en las artes plásticas y la artesanía y sus obras han sido apreciadas en exposiciones en Casa de la Cultura de T. y Tres, Centros Cooperativos y otros espacios culturales.
ABRAHAO SCHORR, María Helena
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“Cazadores superiores: un sitio sobre el arroyo Yerbal, Treinta y Tres”
Comunicación al IV Congreso Nacional de Arqueología, Melo – Uruguay, 1975. Inédito
ASSUNÇAO, Fernando y otros.
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Fuente de la información: María Angélica Silva Arismendi (Encargada de la Casa de la Cultura de Vergara: Biblioteca y Museos. Coordinadora de Bibliotecas Municipales; Gestora Cultural).
